domingo, 6 de marzo de 2011

Backfire

Bailando en mi mismo metro cuadrado, bailando lentos con mi propia sombra, solitaria sonriendo con ese trago entre las manos, incómoda y con mi sonrisa torcida y volteándome ligeramente jugando con mi vestido, así estaba yo jugando a pasar inadvertida entre las miradas de otros cubiertos de esas personalidades elegidas con pinzas o arrendadas o como yo compradas. Yo no te pedí mirarme, yo bailaba en ese mi metro cuadrado. Mío.
Pero te sonreí por debajo de mis pestañas falsas, y jugaste al mimo a un metro de mí, fuiste tu quién me siguió los pasos, y quién tomo mi cintura entre sus brazos, yo tampoco lo pedí, yo jugaba con mi vestido en mi ya declarado metro cuadrado, el calor, el sudor, la noche, el aire asfixiado, los cigarros, y el interminable alcohol, todo me basto para seguirte, para olvidar con quién andaba y cómo volvería a casa, fue entonces cuando yo renuncié a mi metro cuadrado y tomé tu mano y te dije en la cara: tu bailas conmigo.
A ratos bailamos, a ratos me vuelvo una experta en danzas que me son en parte conocidas, a ratos sólo miro desde lo lejos en la orilla sin atreverme a poner un pie en la pista, a ratos ese metro cuadrado es completamente mío, a ratos lo miro de reojo pero no pongo un pie en él. Pero te sonrío, me es imposible no sonreírte y bajar la mirada, juego a ser ese otro león, y pongo mi rostro cerca del tuyo, cerca de tu cuello, es entonces cuando volvemos a bailar y tu mandíbula roza la mía, y basta el respiro cercano para saber que tus labios están por bailar también con los míos.


Y me encanta esa voz rasposa, suave pero rasposa, y que mis miles de tonterías te hagan reír, y cuando cierras los ojos para reírte, cuando pasas a mi lado bailando, cuando te preocupas de que yo también quede satisfecha a pesar de estar muy cansado, de incluirme, ¿Por qué me incluyes? y del mismo modo me excluyes, para bailar sola en un metro cuadrado donde cabemos dos.
No entiendo, no logro entender a los días, y al tiempo en sí, que no pasa cuando debería y luego me asalta sin criterio y sin un aviso previo, luego me castiga con largas horas y un desaire embriagante donde desde hace unos días bailo sola, quizás era sólo una canción en una loca fiesta.
Aunque poco te importe, aunque ya no te enteres, he borrado la siguiente línea más veces de las que te imaginas, e imagino el por qué quizás encontrarías estos párrafos, en que circunstancias, y en cuánto te demorarías en correr del pánico, asustado y pensando con que loca te tropezaste, pero esa soy yo, la del vestido, coqueta como me llamabas, esa que no te conoce hace menos de un mes pero insiste en pensar positivo, la que te excusa con las amigas, y la que se decepciona hasta de si misma, y la que se ha encontrado en situaciones donde ella misma se grita en la cara: ¡Qué mierda te pasa!.

Dame un trago, y te diré mucho más de lo que deberías saber, si fuese por mí te diría de inmediato: me gustas, pero cómo soy yo misma no lo haré por la misma razón.
Bailaría hasta sin música.
Sé que en algún momento pisaremos nuestros pies, y quizás en algún momento querré bailar encima de los tuyos, soy torpe. Pero en tres semanas has vencido a la soberana y decidida bastarda que pensé ser, me has probado, me has apostado y has ganado, y ríete, siempre lo hacemos y cómo tu mismo dijiste antes de que yo pudiese responder a esa pregunta: nos conocemos hace muy poco, pero nos caemos muy bien.

Hace mucho no guardaba silencio, cuando más debería dejarme ir, menos lo hago, yo que me reía del león, me volví una leona cobarde, asustada, agazapada pero aún no lista para perder.
No soy buena aceptando la derrota, pero aún ni siquiera decidimos si el juego comenzó.

No me reconozco, exactamente lo contrario de todo lo que pronuncié.
Tu en la montaña rusa y yo en el carrusel, más risas incluidas.
For every piece of me that wants you, another piece backs away.

No hay comentarios:

Publicar un comentario