Me llamaste maldita,
maldita escupió tu boca sobre mi cara, pronunciar una palabra no fue opción
me llamaste maldita, maldita mi cama, maldita mi boca,
maldita gritabas; maldita
Y el vómito verbal me sepultaba con cada palabra.
Me llamaste maldita, maldita con todas tus ganas
y quizás no lo veías en mi cara, pero al unísono de tu habla
explotaba cada órgano contenido dentro de esta jaula.
Me llamaste maldita y puta, mientras te reías con tus amigos en la llamada.
Me llamaste maldita de distintas formas y sinónimos y con un sin número de palabras
y del lado del receptor, con mis pocas ganas, mi nulo talento
y la insuficiencia de herramientas afectivas y emocionales me ahogaba en el ciclo repetitivo del autocastigo de la vergüenza, la culpa, todas falencias y mis faltas.
Perdóname, perdóname, perdona-, perdón, perdón?
Jamás debí haberte dejado respirarme en la cara.
Maldita, maldita, maldita
Desde esta boca maldiciones emanarán, con tu nombre, con tu rostro, con tu olor
y me extenderé por la tierra que pisas y el aire que respires.
te entraré por los ojos como espinas y te apuñalaré desde adentro,
por cada palabra, cada burla, por cada grito, por cada humillación,
por cada asfixia contra la pared, por las patadas contra la puerta del baño que me albergaba.
Me ramificaré como micelio y donde quiera que vayas te encontraré
y te asfixiare noche a noche día a día, maldita, por maldita.
Maldita, pero llorarás mi nombre,
Maldita porque el cuerpo sana, pero mis heridas llaman.
Maldita, elegiste mi nombre con tus propias palabras.