viernes, 6 de enero de 2017

El arma del enemigo

Para la próxima vez enumeraré los pasos que damos, tanto los de ida como los de vuelta.
Así como también enumeraré los sorbos que trago y tragas; las risas; las personas que recordamos, y como me miras fijamente sin jugar al cíclope para decirnos sin miedo: yo no miento.

Porque no hay necesidad, no tengo necesidad de hacerlo contigo, es simple, llevadero, gracioso, confianzudo, necesario, pero tengo un solo problema las noches no son tan largas. 
(pausa para otro sorbo).

Estaba nerviosa, dije tanto que a ratos hoy pensaba que debí omitir algunas, porque es así como constantemente se espantan las personas. No es normal decir que no tengo miedo a arrancarte las entrañas si debo hacerlo, por dolor y con rabia, por amor, y digo amor, porque no funciono de otra forma que no sea amor.

En fin, fue un lindo amanecer en un día nublado.
Con frío de por medio.
Rocío en nuestras caras.
Puchos imposibles de prender en la playa.
Mi poema favorito.
Con mi voz que cambia.
Tu olor y tu cama.
Mis ronquidos.
Y tu cucharita. (completamente necesaria)

Gracias, y esto te lo diría mirándote directo a los ojos ahora: Yo cuando quieras me vuelvo a amanecer contigo, donde estés, donde yo este y con la excusa que quieras, te apaño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario